he esquivado un tiro, me han rozado dos.

Él no lo sabía, pero llevaba tatuado en la frente eso de yo mataré monstruos por ti, solo tienes que avisar.
Y eso dejó de ser verdad, aunque él tampoco lo sabía, el verano que doblando la esquina le partió en dos.

Él pensaba que los días sin ella serían precipicios. Y lo eran.
Pero le faltó el valor para enamorarse.

Quebrado me encontró en esa esquina, rota también, y durante los meses de Otoño y mariposas y de incendios de nieve y calor nos cosimos el corazón. Le hice prometer que no me dejaría sola en el deshielo primaveral. Que no dejaría que me ahogara. Que fuese mi salvavidas.
Y prometió quedarse indefinidamente.

Pero, a estas alturas, todos sabemos que las promesas nunca se cumplen.

Me preparo para el tercer naufragio porque si una gota colma el vaso, otras veces ya es el mar. Y es el mar esta vez ¿lo entiendes?
Y ahora me pregunto quién me va a decir eso de: Cuéntame, dime ¿quién te ha colgado el mar de las pestañas?

Ya he pasado por esto antes. Debería ser una experta. Debería saber que no puedo volver a enamorarme en Marzo. Que Marzo me aniquila.

Y Eme se rompe. Otra vez.
Eva me mira con tristeza, dándome la razón.
Y yo, que lo supe desde un principio, me quedo aquí con las axilas rotas.

¿subo al tejado?
(el sol salió ayer por la noche)

1 comentario:

  1. Por mucho que sepamos que no podemos enamorarnos, siempre vamos a hacerlo. El amor va por libre y hace lo que le da la gana, aunque a veces nos destroce y otras nos de la vida.

    Abrazos.

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