aunque todavía no sé de qué, ni de quién, ni de dónde.
Pero soy tan cobarde
que todavía el cuchillo, conmigo, aquí.
Estoy tendida en el suelo
he caído del piso veintitrés.
Que alguien le diga a Santi que no es buena idea andar por los cables.
Ni saltar desde ahí para volar.
Que no soy una de las golondrinas de Bécquer, joder.
Yo no tengo alas por mucho que me acaricies la espalda con manos de invierno.
y este ruido de pasos que llegan a ninguna parte.
Y este hueles a verano
y estas ganas de no querer llover.
Ir a destiempo es lo que tiene
y eso que siempre fuimos atemporales.
Lo peor no es que me robaras un beso, es que me rasgaras la sonrisa con mi cuchillo
y pretendieras quedarte conmigo
aquí.
Con suerte el hielo empezará a cubrirme y el proceso de putrefacción se ralentizará,
quizás esté más guapa rodeada del rojo que sale de mi cabeza y tiñe el asfalto.
No vengas a lamentarte por las cosas que no pudiste hacer cuando todavía tenía el corazón frágil pero quería fuerte.
Si el destino lo desea, nos volverá a juntar algún veinticuatro inesperado. Ojalá una mañana sin sol y una noche sin luna.
Y ahora
vete tú,
que yo no puedo.